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Mujer Y Carrera Profesional

Mujer y carrera profesional

El anciano paradigma mecanicista con el que las organizaciones se han gestionado y se gestionan nos ha dejado una cultura empresarial machista. Por un lado, en las mismas condiciones, la mujer cobra menos que el hombre y, por otro, ella tiene muy difícil acceder a puestos de dirección. Bajo este panorama, cualquier mujer que pretenda hacer carrera profesional lo tiene muy complicado. Además, este sistema machista nos ha dejado “el gran valor”, es decir la creencia limitadora, de que las mujeres no pueden alcanzar altas cotas profesionales porque durante un tiempo, y quizás más de una vez en su vida, tendrán que ser madres y dedicarse a la crianza de sus hijos.

Parece, pues, que el problema es sólo de las mujeres. Sin embargo, es principalmente de sus líderes. La gran mayoría de éstos son hombres y pertenecen a la generación “X”, los nacidos antes del año ochenta. Ellos saben que sus hijos, los de la generación “Y”, están teniendo muchos problemas para adaptarse a esta gestión machista. Los de la generación “Y” provocan cambios y se adaptan mejor a ellos que los de la “X”.

Estos líderes saben de sobra que lo que tienen por delante es una continua y compleja adaptabilidad al cambio. En este sentido, ¿deberían gestionar la diversidad de sus equipos potenciando al máximo el talento y olvidándose de las diferencias de género, edad, religión o condición sexual, por ejemplo?
Saben que es así, pero les cuesta aplicarlo. ¿Por qué? Porque el cambio les paraliza, les aterra, les limita, les descoloca y se sienten amenazados.

¿Qué pueden hacer las mujeres al respecto?

Más que reivindicar, que también, sería clarificar cuáles son los obstáculos internos, no externos, que las desmotivan. “Gracias” a esta gestión machista, muchas mujeres poseen creencias limitadoras al respecto muy fuertes y arraigadas en su interior que han de eliminar. ¡Cuántas mujeres hay que poseen creencias limitadoras que debilitan su autoestima, desmotivándose, infravalorándose, o resignándose, por ejemplo!

Todos debemos entender que lo que hay que perseguir no es que la mujer sea profesionalmente igual al hombre, sino que ella tenga el mismo trato, los mismos derechos, obligaciones y oportunidades que él.

Pues bien, a los de la generación “Y” les interesa mucho más la vida personal que la profesional. Esto está cambiando la gestión machista, porque ya no hay hombres de una sola empresa. Ahí, es donde la mujer tiene su oportunidad. No obstante, una mujer de la generación “Y” se frustrará menos por no ascender, pues valora otras cosas en su vida además de su trabajo.

Es decir, que quizás en el futuro desaparezca definitivamente esta injusticia, porque tanto hombres como mujeres no aspirarán a hacer carrera profesional en una única empresa.
¿Acaso las organizaciones deberían incorporar es su modus operandi la creatividad, la innovación, la flexibilidad, la empatía o la ética, por ejemplo, para aceptar la diversidad como un valor empresarial?
Y lo más importante, ¿alcanzar el éxito profesional es garantía de felicidad?

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