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Estadio 5: ¿Sabes liderar equipos de personas?

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Las personas dependientes necesitan de otros para conseguir lo que quieren. Las independientes consiguen lo que quieren gracias a su propio esfuerzo. Y las interdependientes combinan sus esfuerzos con los esfuerzos de otros para lograr un éxito mayor. Esto dice Stephen R. Covey y nosotros estamos plenamente convencidos de ello.

Esta afirmación deja bien claro que las relaciones entre nosotros provocan y facilitan que alcancemos un éxito mayor en aquello que pretendamos. Es decir, en tus relaciones habitan tus oportunidades.

Un equipo de personas son relaciones en las que confluyen distintos pensamientos, distintas emociones y distintas actitudes. Si gestionas o lideras un equipo de personas o si tienes una serie de colaboradores o si has de coordinar un proyecto, y eres tú el encargado de gestionarlo y ordenarlo todo, has de entender, pues, que lo que estas gestionando, en la última instancia, son esos pensamientos, esas emociones y esas actitudes.

De lo que se trata es de que esas personas no sean dependientes entre sí y que tampoco dependan de ti como líder. De igual forma, que no sean independientes. Sí que lo sean en el sentido de que funcionen solos, que no necesiten a nadie para realizar sus tareas y que sean proactivos, que sean autónomos, que sean responsables y de más, pero que luego, esa libertad o esa independencia sean capaces de ponerla a disposición de todo el equipo.

Es decir, que sean interdependientes, que se relacionen entre sí para alcanzar un éxito mayor. Y es que si tú eres independiente y funcionas así, podrás alcanzar cierto éxito, pero si te relacionas con los demás, podrás lograr un éxito mayor.

Por tanto, has de potenciar y cohesionar tu equipo, sí o sí. Tu prioridad, si lideras personas, es potenciarlas y cohesionarlas en torno a un equipo. No como un grupo, sino como un equipo. En este sentido, tienes que entender que todas las personas son sujetos. Y son sujetos iguales independientemente del cargo que desempeñen dentro del equipo. Las personas son personas y los cargos son cargos. Conviene que no confundas esto porque, si lo haces, estarás tratando a las personas como objetos y no como sujetos.

Los cargos tienen unas series de características y las personas, otras. Tus colaboradores piensan, sienten, tienen inquietudes, preocupaciones, ocupaciones, tienen objetivos personales, tienen circunstancias fuera del puesto en la que están desempeñando su labor profesional, etc.

Por tanto, tienes que diferenciar claramente, tal y como has podido ver en el estadio 4 sobre liderazgo individual, entre la eficiencia, que tiene que ver con números y con el cargo en sí, y la efectividad, que tiene que ver con las personas. Repetimos, un equipo está compuesto por personas, no por cargos.

Cualquiera de nosotros estamos formados por pensamientos, emociones y actitudes. Pensamos, sentimos y actuamos. No somos más que eso. Por eso, todos somos iguales, aunque diferentes en la medida en que ni pensamos, ni sentimos ni actuamos de la misma forma. Es decir, intentar tratar a todos por igual es un error de bulto que no te puedes permitir ni como persona ni como líder ni como compañero… Si lo haces, no gestionarás bien tus relaciones.

Si pretendes disfrutar y pertenecer a un equipo de alto rendimiento, empieza, pues, por entender a tus colaboradores como sujetos y no como objetos, como personas y no como cosas.

¿Estás convencido que sabes cómo liderar a tu equipo de colaboradores? ¿Tienes claro cuál es una función tuya como líder para crear y trabajar en equipo?

En definitiva, de un grupo, generas un equipo, y si potencias al máximo los recursos humanos de cada miembro y los relacionas entre sí, lograrás crear un equipo de alto rendimiento, donde todos y cada uno de los miembros se sentirán importantes.

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